jueves, 28 de mayo de 2020

Lo breve y bueno...

Simple.
Es más fácil que cualquier otra cosa, o "debería serlo".

Estar sin más...

Ningún despertar es el mismo si atiendo al Maestro Cuerpo. Sin salir de la cama, camino despacito, con la atención enfocada en sus espacios, como lo hago con mi hogar.

Busco el lenguaje y entono con el ritmo natural de sus movimientos, aún perezosos.
Y me hundo en el colchón más aún. Quiero entrar y sentirme, con todo el confort que me regale, escucharlo, atenderlo y recibir qué tiene que comunicarme hoy, antes de "perderme"... Inevitablemente.

Respiro en profundidad, bocanadas, nariz o boca, se siente distinto, es verdad, y qué más da...hoy prefiero esto o aquello, eres generoso, me das a elegir. Gracias, le digo.

Y percibo el aire templado de la noche acontecida, el suave olor de una varilla de incienso, colocada al atardecer del día anterior, la rigidez de mi espalda.
Me estiro y suspiro.
Ensancho mi pecho y  te agradezco poder hacerlo.
Algo tan sencillo y tan importante, tan placentero, tan mío.

Entonces pienso que, este momento, cuando nada ha intervenido aún en la hermosa relación con mi maestro, es el más grande tesoro que tengo y de la gran responsabilidad de "criarlo",  con sabiduría y amor, que como cualquier hijo, tiene mucho que enseñarme.

Estoy para ti, me dices.
Lo sé, lo valoro mucho.

Dime, quiero saber de ti, háblame, quédate aquí así, suave y tierno, aún hay tiempo, abrázame...te abrazo yo también. 

Sin conceptos.





miércoles, 27 de mayo de 2020

El código del sentido común y ser un molinillo contigo

Escribo con los ojos cerrados. Así puedo sentirte con más pureza sin interferencias.

Hoy reparo en tu nombre, no es fácil saber quién viene cada día a buscarme. Mas no puedo recibirte con la violencia de una puerta cerrada a cal y canto: respirando abro sus hojas de par en par.
Necesito mi tiempo para saber quién eres. Lo sé, me dices. Sonrío con pudor.

Con una infinita ternura, y aún con el temblor de los ojos manifestando la incomodidad y los nervios de mi rendición, comienzo a respirar. Mi nariz limpia y conciliadora, la garganta y el pecho como hilos conductores y toda la sangre te recibe. Eres un torrente pero conmigo andas delicado y dulce. Siempre fue así, Ana, ...parezco escucharte.

Me tomo el tiempo y la calma sin esfuerzo alguno, ahora es fácil contigo. Antaño había una enorme pelea cuando me tomabas en tus brazos y me llenabas. Por aquel entonces, desde la más tierna infancia, estaba mi corazón frágil y desconectado y sabía tan poco de los códigos de lo bueno y lo malo, espada escondida aunque sin usar, niña asmática.

Ya no necesito recordar, amigo, que me calmas.Todas las células mías te reconocen. Aprendí que soy la puerta y decido si dejarte o no entrar y eso suelta la cuerda vieja y arrugada, amorosamente anudada, no obstante. Nada me turba ya. Te alegras, lo sé. Como sabes bien, llevo toda mi vida en la lucha de saberme libre para abrir o cerrar, ignorante del código del sentido común y del sentimiento de merecer, pero tú, vida siempre, paciente y leal, no perdiste nunca la esperanza hasta que se instaló y eligió quedarse para siempre, en la mecedora celular. Hace años ya de todo eso, me recuerdas. Ya, ya...

Ser un molinillo contigo y fundirme, si no opongo resistencia, y soltar.
Amigo, me alivias y me emocionas.
No abras los ojos aún, confío, no los abro...
Hoy me bailas más cálido, sí, se acerca el verano.
 
Te siento y me siento, agradezco.
Hoy llegaste engalanado en el viento, me conoces mucho, sabes que me gustan los aromas...
Sí, hay flores en el campo y los recogí para ti.

Tu amor me sobrecoge...
El amor es el motor de todo, ¿recuerdas?
Sí, sí...y abro los ojos.

Ahora y así, amanece mi cuerpo.

Meciéndote desapareces, me dejas canturreando.

domingo, 24 de mayo de 2020

Liberar

Hay días, como el presente, en los que el cuerpo está pesado, igual o más que el viento que azota la costa almeriense cargado de arena, quejidos y salitre. Generalmente, cuando amanece así, los que vivimos aquí, ya sabemos que se nos avecinan varios días de batidora emocional y síntomas físicos varios, esos colegas nuestros que, si los atendemos y escuchamos, los sensamos, nos regalan o escupen sin florituras, más  conocimiento a cualquier asunto pendiente escondido o evitado. 

Enchufándome de mi propia voluntad a querer ver y, sóla y unicamente, tras llenarme los bolsillos con cierto peso de ahínco y coraje, abro con todas mis fuerzas la puerta y, paso al frente, cabeza alta, salgo. Camino hincando los pies, para soltar los excedentes de todo un día recluída: me concentro en mis piernas, en este cuerpo tan inteligente que sabe cómo ejercer presión y moverse, aún con enemigos en contra. Dejo mis brazos libres y respiro. Asfalto o tierra, adoquines o césped, piedras, agua, arena, hojas, brozas. A qué hueles, a qué sabes, qué quieres decirme, de acuerdo, eres tú el protagonista, es a tu ritmo...

Y si abres la puerta y sales, te envuelve de lleno. El movimiento comienza a ocurrir.
Con discreción y también con cariño, empuja un poquito, juega contigo, cuando parece que se ha escondido, se muestra en otro aspecto.
Hay quienes se desbordan con una jaqueca, también es común la irritabilidad o la aprehensión cuando la intensidad sube hasta los 90 o 100 km/h, En mi caso, me lleva dentro, muy dentro, a las profundidades de Perséfone. Es posible que por eso, ni dudo el salir de nuevo al mundo, esté como esté, como alma que lleva el diablo. El subterráneo con sus grutas, solo para los rincones irreemplazables.

miércoles, 20 de mayo de 2020

Me fascinas...

Es la primera impronta que tengo al apoyar mis pies sobre el suelo. A veces, protesto sin voz, ante la rigidez de los huesecillos plantares, para descubrir cualquier sonido en la noche. 

Soy madrugadora, sí...todo se siente el doble y me acompañas con un aire de grandeza y de invitación a buscar qué más hay que no se ve... Es cuando levanto las persianas y empujo tímidamente mi nariz patricia entre las cortinas.

 Sea el tiempo que sea, pretendo explorar las partículas aromáticas del amanecer y admirarte, antes de la aburrida y monótona laboralidad cotidiana. 

Siempre hay escondites en tu negrura que se me acercan para ser descubiertos, mordidos y engullidos: ayer, para no perderme en la memoria de los días , me tocaste desde lejos, infame travieso. Y yo, te dejé hacerlo, fueron solo segundos, me digo, mientras acordono el afortunado trocito de piel y lo acaricio con mis dedos. 

Después te darás la vuelta y desaparecerás, sin huella y estela, suave y sutil. 
Mañana también vendrás? 
A qué hora? 

A la que aparezcas... 

Sonrío y me doy la vuelta, dispuesta a recibir, una de tantas, el café de mi mañana.